Gracia: el poder habilitador y el don del amor de Dios

Lord of Prayer (Señor de la oración) por  Yungsung Kim. Imagen vía Lighthaven

El Evangelio de Jesucristo es la maravillosa noticia de que nuestro Padre Celestial y Su Hijo Jesucristo no nos han olvidado. Todos hemos pecado y estamos a la altura de la gloria de Dios, pero han provisto la forma en que podemos ser redimidos de la miseria del pecado, vencer las tentaciones y debilidades, ser santificados y encontrar la vida eterna y la alegría en el Reino de Dios.

El apóstol Pablo enseñó que a través de la gracia de Dios, provista con amor por nuestro Redentor Jesucristo, podemos convertirnos en nuevas criaturas. La gracia es el poder divino habilitador y santificador que nos da la fuerza para vencer la debilidad mortal, las influencias impías y llegar a ser como Él. Cuando creemos en Jesucristo, nos arrepentimos de nuestros pecados. Somos bautizados por inmersión, que simboliza la muerte de nuestra antigua vida de pecado y nuestra resurrección como nuevas criaturas en Cristo (Romanos 6:3–5).

Sin embargo, este no es el final de nuestro viaje espiritual, ya que aún enfrentaremos desafíos, tentaciones y pruebas a medida que continuamos en el camino del pacto a lo largo de nuestras vidas. Como discípulos de Cristo, los miembros de la Iglesia de Jesucristo tenemos acceso al don del Espíritu Santo, que nos guía y nos muestra nuestras debilidades y dónde debemos mejorar. Este regalo nos ayuda a reconocer cuánto dependemos realmente del Salvador para ayudarnos.

Pablo advirtió a los santos en su día que no deberían ser descuidados en su discipulado ni tratar a la ligera la gracia que ofrece el Salvador (Romanos 6:1–2, 10–23). Su gracia es una preciosa oportunidad para vencer nuestros pecados y debilidades y, por lo tanto, aumentar la felicidad y la alegría en nuestras vidas. Podemos ser santificados por la gracia del Señor si nos esforzamos por "am[ar] y s[ervir] a Dios con toda [nuestra] alma, mente y fuerza" (Doctrina y Convenios 20:31), pero debemos ser fieles y perseverar hasta el final ya que "existe la posibilidad de que el hombre caiga de la gracia y se aleje del Dios viviente" (v.32). Podemos recibir más fuerza y poder a través de la oración y al seguir el consejo de los siervos vivos del Señor (véase Doctrina y Convenios 21:4–6).

El profeta Jacob en el Libro de Mormón enseñó: "Por tanto, mis amados hermanos, reconciliaos con la voluntad de Dios, y no con la voluntad del diablo y la carne; y recordad, después de haberos reconciliado con Dios, que tan solo en la gracia de Dios, y por ella, sois salvos" (2 Nefi 10:24). Cuando confiamos en Dios día a día, nos arrepentimos cuando nos quedamos cortos y pedimos ayuda y fortaleza para mejorar, Él nos bendice con poder y santifica nuestros corazones.

Tal como el élder Dieter F. Uchtdorf ha enseñado, la gracia del Señor abre las ventanas del cielo "por las cuales Dios derrama bendiciones de poder y fortaleza que nos habilitan para lograr lo que de otro modo no estaría a nuestro alcance. Es por medio de la asombrosa gracia de Dios que Sus hijos pueden vencer las acechanzas y los peligros del engañador, elevarse sobre el pecado y ser '[perfeccionados] en Cristo'".1

  • 1. Dieter F. Uchtdorf, "El don de la gracia", Liahona, mayo de 2015, en línea en churchofjesuschrist.org.

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